Una historia azul de desamor
Hoy me apetece contar una historia. No sé si ocurrió una vez hace mucho tiempo o me la estoy inventando ¡Qué más da! Lo importante es el contenido de la historia, espero que no os defraude. Si consigo entreteneros y que paséis un buen rato me doy por satisfecha. Empiezo mi cuento:
Había una vez una reina que se enamoró de un príncipe muy presuntuoso y holgazán. Este príncipe trabaja para el rey en el castillo. La reina se sentía muy mal por tener su corazón dividido en dos, un trozo pertenecía al rey y otro al príncipe.
La reina dedicaba muchas horas de su jornada a la contemplación del príncipe. Y éste le respondía contándole aventuras de dragones a los que había derrotado en combate, princesas a las que había rescatado de peligrosos enemigos, ... os podéis imaginar las de mil y una fanfarronadas de las que puede hacer gala un príncipe presuntuoso que quiere conservar la admiración de la reina para sentirse halagado. Él nunca supo si la amó. Ni tan siquiera se lo planteó, tan sólo la quería cerca para sentirse poderoso, admirado, querido, halagado. Es humano. Si nunca le hubiera perdido el respeto a la reina podría seguir disfrutando de estas conversaciones en las que él mataba dragones que sólo existían en sus fantasías.
Pero el príncipe fue todavía más lejos y con la seguridad que le proporcionaba el saberse amado por la reina, desafió al rey a un combate. El rey era un viejo sabio que amaba locamente a la reina. Desde su trono observaba las idas y venidas de la reina y suspirando esperaba el momento en que todo volviera, con el tiempo y mucha paciencia, a la normalidad. Aceptó el desafío y ganó el combate.
La reina en ningún momento apoyo al príncipe durante el combate. Se mantuvo firme al lado del rey. Se sentía desilusionada por la falta de respeto del príncipe. Ya nunca pudo amarlo. Se olvidó completamente de él.
Entre nosotros, os contaré que lo que la reina consideró una falta de respeto que no pudo aguantar fue que un buen día el príncipe decidió que ya tenía muy vistos lo preciosos ojos de la reina y mientras le contaba sus falsas hazañas la miraba directamente a su generoso escote.
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